lunes, 16 de marzo de 2015

Los relojes de flores más espectaculares del mundo


Tic tac, tic tac, tic tac... Vivimos condicionados por el tiempo y la hora rige nuestras vidas. En nuestras muñecas, en las paredes, en los teléfonos... nunca nos separamos de ellos. Pero no todos los relojes son iguales ni los contemplamos con la misma inquietud o prisa. Frente a algunos, el tiempo parece detenerse.

De arena, digitales, analógicos, de cuco, de pulsera, astronómicos... algunos nos maravillan. ¿Qué tal si hoy nos fijamos en los relojes de flores? Relojes florales que combinan naturaleza con artilugio, relojes cambiantes con las estaciones que también marcan el paso del tiempo con sus agujas.

Entre los pétalos, los estambres y hojas los minuteros avanzan imparables, como avanza la vida de esas flores, acostumbradas a posar frente a las cámaras. Por eso a menudo son cambiadas, cuando precisamente el paso del tiempo hace mella en su esplendor, para que el reloj siga luciendo hermoso. Así como a las viejas estrellas de la pasarela, televisivas o cinematográficas las van reemplazando nuevas caras. Esclavos de la imagen, esclavos del tiempo, al fin y al cabo.

Con sus inevitables cambios, estos son algunos de los relojes de flores más sorprendentes del mundo.


  • En Viña del Mar, a 125 kilómetros de Santiago de Chile, tenemos tal vez  uno de los relojes de flores más famosos del mundo (foto de portada). Fue creado en el año 1962, cuando Viña del Mar fue una de las sedes escogidas para el Campeonato Mundial de Fúlbol celebrado en Chile. Se creó este reloj hecho completamente de flores, con un mecanismo traído especialmente de Nauchatel, Suiza. Enseguida pasó a convertirse en símbolo de la ciudad y foco de atracción turística. En 2005 se cambió el funcionamiento del reloj por un sistema controlado por satélite y se añadió musica de campana que puede ser diferente a cada hora.





  • El reloj floral de Edimburgo presume de ser el más antiguo del mundo, plantado por primera vez en 1903. Se encuentra en los Jardines de la Calle de los Príncipes (Princes Street Gardens) y cada primavera luce renovado, ya que se replanta dándole un aspecto diferente y conmemorando un evento o aniversario. Está formado por 3000 plantas y flores de diferentes especies. En la foto superior, lo vemos dedicado a Londres 2012.

  • El Reloj de flores de Guatemala se encuentra a la entrada del aeropuerto Internacional La Aurora en la ciudad de Guatemala. Fue inaugurado en 1965 y posee una maquinaria francesa Lamy & Lacroix, originaria del siglo XIX.



  • El Reloj Florido de Ginebra (el Horloge Fleurie, foto superior) es uno de los símbolos de la ciudad suiza que rinde homenaje a la famosa puntualidad de los relojes originarios de aquí. El reloj floral está situado en el Jardín Inglés, en la ribera del lago Lemán, desde que allí se colocara en 1955. Para dar un aspecto diferente a los distintos círculos concéntricos, se vuelven a plantar flores variadas al comienzo de cada temporada del año. Dicen que el segundero del reloj,  con sus más de 2'5 metros, es el más grande del mundo. También es cierto que la mayoría de relojes florales prescinden de esta aguja...




  • Vamos ahora a otro reloj de récord, el que dicen que es el más grande del mundo, formado por nada menos que 80.000 flores y un diámetro de más de 19 metros. Es el reloj floral de Kiev, Ucrania. La aguja de los minutos mide 5 metros y la de las horas, tres (foto superior).

  • Mucho más pequeño, el reloj de flores de Petrópolis, a 68 kilómetros de Río de Janeiro (Brasil) se construyó con motivo del 150 aniversario de la independencia del país carioca. Es el reloj de agujas más grande de Brasil y marca el paso de las horas acompañado por un sistema digital de música. Está ubicado cerca de la Casa Santos Dumont, frente a la Universidad Católica de Petrópolis y se ha convertido en un importante atractivo turístico de la ciudad.

  • En México encontramos varios ejemplos, como el reloj floral de Zacatlán, el de Nueva Laredo o el más conocido, en Ciudad de México. Es el Reloj de flores de Parque Hundido (nombre con el que se conoce el Parque Luís Gonzaga Urbina. Fue creado en 1977 por una prestigiosa casa relojera de Puebla y tiene un diámetro de 10 metros. Cuanto a las numerosas flores, toneladas de piedras de río adornan esta peculiar esfera.

Otros lugares en el mundo donde podemos ver relojes naturales son Temaikén o Tucuman en Argentina, la estación hidroeléctrica Sir Adam Beck junto a las Cataratas del Niágara (Canadá), Caguas (Puerto Rico)... A ellos se suman muchos otros relojes más anónimos para deleite de los paseantes cotidianos.

Las esferas de estos relojes combinan colores que varían a lo largo del año. A veces, con los rigores de algunas latitudes, se tiñen de blanco. Con la primavera las tonalidades se multiplican y adquieren todo su esplendor. Colores mimados, conscientes del valor que tienen como atracción turística la mayoría de ellos.

Solo hay una cosa que no cambia, y es la precisión de las agujas para marcar las horas sobre el manto natural. Por suerte, si estamos contemplando alguno de estos relojes de flores en el mundo, lo más probable es que estemos de vacaciones y no seamos esclavos del reloj. O al menos no tanto como durante el resto del año...

Fotos: Muchael Coghlan, SuedeheadZaldy CamerinoJennifer Boyer en Flickr-CC

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, Eva:

Me parece que no te has dado una vueltecita por Villahermosa, Tabasco, donde tenemos un hermoso reloj floral a la entrada del complejo denominado Tabasco 2000.

Miguel Ángel Córdova León